C5N

Pagina12

AM 750

Eduardo Aliverti

Fernando Borroni Canal

Atilio Borón

El Disenso

NODAL de Pedro Brieger

Liliana López Foresi

Carlos Heller

La Izquierda Diario

El Cohete a la Luna

Hugo Presman

Telesur

Vía Socialista

Roxana Kreimer

El pronunciamiento de Cristina Kirchner sobre Venezuela

Se puede estar a favor, en contra o no importarte el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, pero nadie puede negar que el pasado sábado por la madrugada la administración Trump en EEUU volvió a cruzar un límite que muchos pensábamos que no volvería a ocurrir. En el pasado, la aplicación de la política del Gran Garrote (Big Stick) del corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe, especialmente en América Latina, justificando intervenciones militares directas o apoyos desembozados, a través de sus agencias de seguridad, a golpes de estado y la consecuente instalación de dictaduras militares sangrientas, lejos de favorecer a EEUU generó en la región un sentimiento adverso hacia ese país. No solo eso, sino que en muchos casos generó atraso económico y social en los países afectados. Hoy la violación a la Carta de Naciones Unidas (ONU), del Derecho Internacional y del más elemental sentido común, frente al hecho objetivo de la absoluta ilegalidad e ilegitimidad del secuestro (literal) de un presidente y su esposa en su propio país, en un operativo que además produjo la muerte de numerosas personas, genera un escenario de alta inestabilidad en el país agredido y peligroso antecedente en materia geopolítica, que habilitaría cualquier acto de violación de soberanía política, apropiación territorial o de recursos por parte de cualquier potencia con poderío económico y militar sobre países más débiles. Resulta insoslayable señalar que el objetivo perseguido y declarado públicamente por el gobierno de Donald Trump, al llevar adelante lo que denominó pomposamente como “Operación Resolución Absoluta”, no es “restablecer un gobierno democrático en la República de Venezuela”, ni “la lucha contra el narcotráfico”, sino apoderarse de la mayor reserva a nivel global de petróleo convencional… A cara descubierta.

De Capusotto

Odian al pobre. Odian al morocho. Odian a la mucama y al albañil. Odian al villero y al que vive en los suburbios. Odian a los bolivianos y a los paraguayos. Odian a los judíos. Odian a los homosexuales y las diversidades. Odian a las mujeres que marchan contra el machismo. Odian a los marginados y excluidos del sistema que cobran planes sociales. Odian al laburante que protesta en la calle porque lo dejan sin trabajo. Odian a las mamás luchonas y sus bendiciones. Odian a los pibes que estudian en la escuela pública. Odian al docente que exige un salario digno. Odian la voz popular cuando se manifiesta en voz alta. Odian que cualquier otro irrumpa en su burbuja de privilegios, en su torre de marfil reservada para la élite, para los salvados de la patria, para quienes pretenden ser dueños de un país que detestan. Aunque canten el himno a los gritos y se emocionen, lo detestan, porque detestan a las mayorías. Aunque griten los goles de la selección, aprovechan el humor racista, xenófobo, de clase, para comunicarse, para sentirse parte de la minoría con el real linaje patriótico. Vienen muy orgullosos de sus colegios privados de nombre anglosajón y tuitean con brutos errores de ortografía. Se refugian en sus muy protegidos barrios privados y repiten el discurso de papá y su billetera forrada de timba financiera y evasiones millonarias, delincuentes de traje y corbata y estafas corporativas y muy patrióticas también. Sueñan con un país uniformado, donde la policía defienda sus posesiones y aniquile a la masa morocha, pobre, excluida, arrojada en la banquina de la pobreza. No disimulan su odio: están orgullosos de ese odio. Ese odio los define. Ese odio los deja dormir tranquilos. Odian a todos, excepto a la minoría como ellos. Viven de inocular su veneno y de crecer burlándose del otro, del diferente, del paria que nunca pisará su burbuja de privilegios. Se creen dueños de un país que detestan. . Diego Capussotto