Ser revolucionaria no es solo un título, es una postura ante la vida, una necesidad que nace de la más profunda convicción. Soy revolucionaria porque me niego a aceptar las injusticias como destino ineludible. Es una decisión radical que busca la raíz de los problemas, no solo aliviar los síntomas. Soy revolucionaria por la justicia social: porque creo en un mundo donde la dignidad no sea un privilegio, sino un derecho universal. Me mueve la imagen de aquellos que son marginados, de la desigualdad que fragmenta a nuestras sociedades, y la vocación de que "en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre", como nos enseñó Martí. Soy revolucionaria por la verdad y la conciencia: porque la indiferencia es complicidad. Es mi deber no callar ante la opresión, la mentira o la corrupción que intenta corromper la cultura y los valores colectivos. Me rebelo contra la pasividad y el cinismo, y mantengo la fe inquebrantable en el mejoramiento humano. Soy revolucionaria por el futuro: no espero que el cambio caiga por sí solo; lo construyo cada día con acción, con pensamiento crítico y con la firme voluntad de transformar la realidad. La revolución es la lucha constante por crear una sociedad nueva, más equitativa y soberana, que defienda la plena dignidad de cada ser humano. Ser revolucionaria es nacer de nuevo cada mañana con el compromiso de no rendirse. Es ser rebelde para poder ser creativa, y mirar siempre al horizonte de la humanidad, sin que nadie tenga derecho a mirar a otro desde arriba, a no ser que sea para ayudarlo. Por todo esto, mi vida y mis actos son una permanente revolución.]Ser revolucionaria no es solo un título, es una postura ante la vida, una necesidad que nace de la más profunda convicción. Soy revolucionaria porque me niego a aceptar las injusticias como destino ineludible. Es una decisión radical que busca la raíz de los problemas, no solo aliviar los síntomas. Soy revolucionaria por la justicia social: porque creo en un mundo donde la dignidad no sea un privilegio, sino un derecho universal. Me mueve la imagen de aquellos que son marginados, de la desigualdad que fragmenta a nuestras sociedades, y la vocación de que "en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre", como nos enseñó Martí. Soy revolucionaria por la verdad y la conciencia: porque la indiferencia es complicidad. Es mi deber no callar ante la opresión, la mentira o la corrupción que intenta corromper la cultura y los valores colectivos. Me rebelo contra la pasividad y el cinismo, y mantengo la fe inquebrantable en el mejoramiento humano. Soy revolucionaria por el futuro: no espero que el cambio caiga por sí solo; lo construyo cada día con acción, con pensamiento crítico y con la firme voluntad de transformar la realidad. La revolución es la lucha constante por crear una sociedad nueva, más equitativa y soberana, que defienda la plena dignidad de cada ser humano. Ser revolucionaria es nacer de nuevo cada mañana con el compromiso de no rendirse. Es ser rebelde para poder ser creativa, y mirar siempre al horizonte de la humanidad, sin que nadie tenga derecho a mirar a otro desde arriba, a no ser que sea para ayudarlo. Por todo esto, mi vida y mis actos son una permanente revolución.

No hay comentarios:
Publicar un comentario