Proletarios Unidos, vieja consigna del padre del Socialismo Ciéntifico Carlos Marx, es un espacio que intentará reflejar, acercar y unir a todos aquéllos que se sientan parte de la clase trabajadora sin distinciones de partidos o ideologías. Así y con respeto, la idea es volcar temas, consignas, debates , opiniones, etc, para fomentar, acrecentar, valorar y concientizar el papel, el rol y los derechos de la clase trabajadora. Como manda la historia nacemos un 1 de mayo.
jueves, 30 de agosto de 2018
La tremenda carta de la prima de Alejandro Fantino: “Me da verguenza tener parentesco”
sábado, 18 de agosto de 2018
De Felipe Solá
miércoles, 15 de agosto de 2018
Corrupción: tras la declaración de Wagner, la familia Macri quedó implicada en el #CuadernoGate
La denuncia del empresario de la construcción vincula directamente a la familia presidencial a la causa desarrollada a partir de los cuadernos presuntamente escritos por el ex chofer Oscar Centeno.
Hasta el diario Clarín en su edición de este miércoles, se ve obligado a mencionar el hecho, pero lo hace en el último párrafo de una de sus notas dedicadas al tema.
domingo, 12 de agosto de 2018
lunes, 6 de agosto de 2018
Andrés Manuel López Obrador da conocer siete proyectos prioritarios
Escándalo: ¿Qué hacía el periodista de los “Cuadernos K” viajando con pasajes de Jefatura de Gabinete?
Se filtró un dato revelador, Diego Cabot el periodista del diario La Nación que llevó a cabo la investigación de los famosos “Cuadernos K”, habría viajado con pasajes de Jefatura de Gabinete. Toda los detalles.
Aunque siguen sin aparecer los cuadernos originales que desataron el escándalo de la supuestas “coimas K”, con el agregado de que el supuesto autor, el chofer Oscar Centeno, afirmó ayer que “quizás los prendió fuego”. Ahora se le suma otro dato revelador que oscurece la investigación “independiente” del periodista de La Nación, Diego Cabot, ya que figura viajando en la aerolínea de bandera, con pasajes correspondientes a Jefatura de Gabinete cuyo titular es Marcos Peña, el mano derecha del presidente Macri.
Este dato fue aportado por el director de la Agencia El Vigía, el periodista Dante López Foresi:
Vidal y la tragedia de Moreno
Interpretaciones divergentes en el campo antiimperialista
Según el mapa, extraído de un Powerpoint que Thomas P. M. Barnett presentó en 2003
durante una conferencia impartida en el Pentágono, los Estados de todos los países incluidos
en la zona rosada deben ser destruidos. Ese proyecto no tiene nada que ver con la lucha de
clases en el plano nacional, ni con la explotación de los recursos naturales. Después de
destruir el Medio Oriente ampliado, los estrategas estadounidenses se preparan para acabar
con los Estados en los países del noroeste de Latinoamérica (Ver en colores en la dirección
electrónica del artículo).
En la primera parte de este artículo subrayé que el presidente sirio Bachar al-Assad es en este
momento la única personalidad que ha sabido adaptarse a la nueva «gran estrategia estadounidense»,
mientras que las demás siguen pensando como si los conflictos que hoy se desarrollan fuesen
similares a los que ya vimos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Siguen interpretando
los acontecimientos como intentos de Estados Unidos para derrocar gobiernos como medio de
acaparar los recursos naturales para sí mismo.
Pienso, y voy a explicarlo aquí, que esa interpretación es errónea y que ese error puede sumir
la humanidad en un verdadero infierno.
El pensamiento estratégico estadounidense
Hace 70 años que los estrategas estadounidenses sufren una obsesión que no tiene nada
que ver con la defensa de su pueblo. Lo que les obsesiona es mantener la superioridad militar de
Estados Unidos sobre el resto del mundo. Durante el decenio transcurrido entre la disolución de la
URSS y los atentados del 11 de septiembre de 2001, estuvieron buscando diferentes maneras
de intimidar a todo el que se resistía a la dominación estadounidense.
Harlan K. Ullman desarrollaba la idea de aterrorizar a los pueblos asestándoles golpes brutales
(Shock and awe o “shock y pavor”) [1]. Se trataba, idealmente, de algo como el uso de la bomba
atómica contra los japoneses. Eso se concretó, en la práctica, bombardeando Bagdad con una
lluvia de misiles crucero.
Los discípulos del filósofo Leo Strauss soñaban con librar y ganar varias guerras a la vez (Fullspectrum
dominance o “dominio en todos los sentidos”). Vimos entonces las guerras contra
Afganistán e Irak, que se desarrollaron bajo un comando común [2].
El almirante Arthur K. Cebrowski predicaba que había que reorganizar los ejércitos de Estados
Unidos de manera tal que fuese posible procesar y compartir una multitud de datos de forma simultánea.
Eso haría posible algún día el uso de robots capaces de indicar instantáneamente las mejores tácticas [3].
Como veremos más adelante, las profundas reformas que el almirante Cebrowski inició
no tardaron en producir frutos… venenosos.
El pensamiento neo-imperialista estadounidense
Esas ideas y obsesiones primeramente llevaron al presidente George W. Bush y la US Navy a organizar
el más extenso sistema internacional de secuestro y tortura, que contó 80 000 víctimas. Posteriormente,
llevaron al presidente Obama a poner en marcha todo un aparato para perpetrar asesinatos, principalmente
mediante el uso de drones pero también recurriendo a comandos armados. Ese sistema opera
en 80 países y dispone de un presupuesto anual de 14 000 millones de dólares [4].
A partir de los hechos del 11 de septiembre de 2001, el asistente del almirante Cebrowski, Thomas
P. M. Barnet, impartió en el Pentágono y en las academias militares estadounidenses numerosas conferencias
anunciando lo que sería el nuevo mapa del mundo según el Pentágono [5].
Ese proyecto se ha hecho posible debido a las reformas estructurales realizadas en los ejércitos estadounidenses,
reformas en las que se percibe una nueva visión del mundo. El proyecto en sí parecía tan descabellado que los
observadores extranjeros lo consideraron, apresuradamente, sólo una forma de retórica más entre tantas otras
tendientes a sembrar el miedo en los pueblos que Estados Unidos pretende dominar.
Barnett afirmaba que, para mantener su hegemonía mundial, Estados Unidos tendría que dividir el mundo en dos
partes. Quedarían de un lado los Estados estables (los miembros del G8 y sus aliados) y del otro lado estaría el
resto del mundo, considerado simplemente como un “tanque” de recursos naturales. Barnett se diferenciaba de
sus predecesores en un punto fundamental: ya no consideraba que el acceso a esos recursos fuese crucial para
Washington sino que afirmaba que los Estados estables sólo tendrían acceso a esos recursos recurriendo a los
ejércitos estadounidenses. Para eso habría que destruir sistemáticamente toda la estructura estatal en los países
que serían parte de ese “tanque” de recursos, de manera que nadie pudiese oponerse en ellos a la voluntad de
Washington, ni tampoco tratar directamente con los Estados estables.
En su discurso de enero de 1980 sobre el Estado de la Unión, el presidente Carter enunció su doctrina: Washington
consideraba el acceso al petróleo del Golfo para garantizar el abastecimiento de su propia economía como una
cuestión de seguridad nacional [6].
El Pentágono creó entonces el CentCom para controlar esa región. Sin embargo, Washington está sacando
actualmente menos petróleo de Irak y de Libia que antes de las guerras contra esos países… ¡pero no le importa!
La destrucción de las estructuras estatales equivale a regresar a los tiempos del caos, concepto ya enunciado por
Leo Strauss pero al que Barnett confiere un sentido nuevo. Para el filósofo judío Leo Strauss, después del fracaso
de la República de Weimar y la Shoa (el Holocausto), el pueblo judío no puede seguir confiando en las democracias,
así que la única vía que le queda para protegerse de un nuevo nazismo es instaurar su propia dictadura mundial
-claro, ¡en aras del Bien! Para eso tendrá que destruir algunos Estados que oponen resistencia, hacerlos retroceder
a la era del Caos y reconstruirlos según nuevas leyes [7].
Eso corresponde con lo que decía Condoleezza Rice durante los primeros días de la agresión de 2006 contra el
Líbano, cuando aún parecía que Israel saldría victorioso:
«No veo el interés de la diplomacia si es para volver al statu quo ante entre Israel y el Líbano. Creo que sería un
error. Lo que aquí vemos es, en cierta forma, el comienzo, las contracciones del nacimiento de un nuevo Medio
Oriente y, hagamos lo que hagamos, tenemos que estar seguros de que avanzamos hacia el nuevo Medio
Oriente y de que no volvemos al antiguo.»
Para Barnett, sin embargo, habría que hacer retroceder a la era del Caos no sólo a los pueblos que oponen
resistencia sino a todos los países que no han alcanzado cierto nivel de vida. Y cuando estén sumidos en el Caos…
habrá que mantenerlos en él.
La influencia de los seguidores de Leo Strauss ha disminuido en el Pentágono después del fallecimiento de Andrew
Marshall, creador del «giro hacia Asia» [8].
Una de las grandes rupturas entre el pensamiento de Barnett y lo que pensaban sus predecesores reside en que
Barnett piensa que no hay que desatar guerras contra tal o más cual país por razones políticas sino contra regiones
enteras del mundo porque no están integradas al sistema económico global. Por supuesto, siempre habrá que
empezar por un país en particular, pero se hará favoreciendo la extensión del conflicto, hasta destruirlo todo… como
en el Medio Oriente ampliado (o Gran Medio Oriente). En este momento sigue la guerra, incluso con despliegue
de blindados, tanto en Túnez, Libia, Egipto (en el Sinaí), Palestina, Líbano (en Ain el-Helue y Ras Baalbeck), como en
Siria, Irak, Arabia Saudita (en la ciudad de Qatif), Bahréin, Yemen, Turquía (en Diyarbakir) y Afganistán.
Es por eso que la estrategia neo-imperialista de Barnett tendrá que apoyarse obligatoriamente en ciertos elementos
de la retórica de Bernard Lewis y de Samuel Huntington, la «guerra de civilizaciones» [9].
Pero como será imposible justificar que permanezcamos indiferentes ante las desgracias de los pueblos de los
países condenados a ser parte del “tanque” de recursos naturales, habrá que convencernos de que nuestras
civilizaciones son incompatibles. La aplicación del neo-imperialismo estadounidense Esa exactamente es la política
que ha venido aplicándose desde el 11 de septiembre de 2001. No se ha terminado ninguna de las guerras desatadas
desde entonces. Desde hace 16 años, las condiciones de vida de los afganos son cada día más terribles y peligrosas.
La reconstrucción del Estado que alguna vez tuvieron, reconstrucción que supuestamente seguiría el modelo aplicado
en Alemania o Japón al término de la Segunda Guerra Mundial, nunca llegó a concretarse. La presencia de las tropas
de la OTAN no mejoró la vida de los afganos que, por el contrario, se deterioró aún más. Todo indica que esa presencia
militar de la OTAN es actualmente la causa del problema. A pesar de todos los discursos que alaban la ayuda
internacional, las tropas de la OTAN sólo están en Afganistán para mantener y agravar el caos. No hay un solo caso
de intervención de la OTAN en que los motivos oficiales de la guerra hayan resultado ciertos. No fue cierta la
justificación oficial de la guerra contra Afganistán (motivo invocado: una supuesta responsabilidad de los talibanes
en los atentados del 11 de septiembre de 2001), como tampoco lo fue en la guerra contra Irak (motivo invocado: un
supuesto respaldo del presidente Saddam Hussein a los terroristas del 11 de septiembre y la preparación de armas de
destrucción masiva que planeaba utilizar contra Estados Unidos), ni en Libia (supuesto bombardeo del ejército libio
contra su propio pueblo), ni en Siria (dictadura del presidente Assad y de la secta de los alauitas). Y en ningún caso el
derrocamiento de un gobierno ha puesto fin a la guerra. Todas esas guerras se mantienen hoy en día, sin importar la
tendencia o el grado de sumisión de los dirigentes en el poder.
Las «primaveras árabes», si bien son fruto de una idea del MI6 que sigue el modelo de la «revuelta árabe» de 1916
y de las hazañas de Lawrence de Arabia, fueron incorporadas a la misma estrategia de Estados Unidos. Túnez se ha
convertido en un país ingobernable. En Egipto, donde el ejército nacional logró recuperar el control de la situación;
el país está tratando poco a poco de levantar cabeza. Libia se ha convertido en un campo de batalla, no desde que el
Consejo de Seguridad de la ONU adoptó su resolución llamando a proteger la población libia, sino después del asesinato
de Muammar el-Kadhafi y la victoria de la OTAN.
Siria es un caso excepcional ya que el Estado nunca pasó a manos de la Hermandad Musulmana y que esta no ha logrado
imponer el caos en todo el país. Pero numerosos grupos yihadistas, vinculados precisamente a esa cofradía, lograron
controlar –y todavía controlan- partes del territorio nacional, instaurando en ellas el caos. Ni el califato del Emirato
Islámico (Daesh), ni Idlib bajo al-Qaeda, constituyen Estados donde el islam pueda florecer. Son sólo zonas de terror sin
escuelas, ni hospitales. Es probable que gracias a su pueblo, a su ejército y a sus aliados rusos, libaneses e iraníes, Siria
logre escapar al destino que Washington había diseñado para ella. Pero el Medio Oriente ampliado seguirá siendo pasto
del fuego hasta que los pueblos entiendan los planes de sus enemigos.
Ahora vemos como el mismo proceso de destrucción se inicia en el noroeste de Latinoamérica. Los medios de difusión
occidentales hablan con desdén de los desórdenes en Venezuela, pero la guerra que así comienza no habrá de limitarse
a ese país. Se extenderá a toda esa región, a pesar de que son muy diferentes las condiciones económicas y políticas
de sus países.
Los límites del neo-imperialismo estadounidense
A los estrategas estadounidenses les gusta comparar el poder de Estados Unidos al del Imperio romano. Pero los romanos
aportaban seguridad y opulencia a los pueblos que conquistaban y los incorporaban a su imperio. El Imperio Romano
construía monumentos y racionalizaba las sociedades de esos pueblos. El neo-imperialismo estadounidense no tiene
intenciones de aportar nada, ni a los pueblos de los Estados estables, ni a los de los países incluidos en el “tanque” de
recursos naturales. Lo que tiene previsto es extorsionar a los primeros y destruir los vínculos sociales en los que se
sustenta la unión nacional de los segundos. Ni siquiera le interesa exterminar a estos últimos sino hacerlos sufrir para que
el caos en el que viven convenza a los Estados estables de que para ir a buscar los recursos que necesitan tienen que
contar con la protección de los ejércitos estadounidenses.
El proyecto imperialista consideraba hasta ahora que «no se puede hacer la tortilla sin romper huevos», o sea admitía que
tiene que cometer masacres colaterales para extender su dominación. En adelante, lo que planifica son masacres
generalizadas para imponer definitivamente su autoridad.
El neo-imperialismo estadounidense implica que los demás Estados del G8 y sus aliados acepten que la «protección» de sus
intereses en el extranjero quede en manos de los ejércitos de Estados Unidos. Ese condicionamiento no constituye un
problema para la Unión Europea, ya sometida desde hace mucho a la voluntad del amo estadounidense, pero plantea una
dura discusión con el Reino Unido y será imposible que Rusia y China la acepten.
Recordando su «relación especial» con Washington, Londres ya exigió participar como socio en el proyecto estadounidense
para gobernar el mundo. Fue ese el sentido del viaje de Theresa May a Estados Unidos, en enero de 2017, pero quedó sin
respuesta [10].
Es además inconcebible que los ejércitos de Estados Unidos garanticen la seguridad de las «rutas de la seda», como hoy
lo hacen -junto a las fuerzas británicas- con las vías marítimas y aéreas que utiliza Occidente. Es también inimaginable que
Rusia acepte ahora ponerse de rodillas, después de su exclusión del G8, debido a su implicación en Siria y en Crimea.
"La sociedad de EE.UU. colapsaría si no fuera por estos 8 mitos"
El nivel de desigualdad que existe en Estados Unidos debería impedir que la sociedad funcione allí apropiadamente, opina el activista, escritor y actor Lee Camp.
En un artículo para Thruthdig, Camp cita un estudio según el cual 63 % de los estadounidenses no podrían enfrentarse a gastos de emergencia –como reparar un coche o lidiar con una crisis de salud- de solo 500 dólares. Entretanto, el CEO de Amazon, Jeff Bezos, tiene una fortuna de 141.000 millones de dólares.
Tan solo ese empresario, dice Camp, podría resolver el problema de la hambruna en el mundo por muchos años, y todavía dispondría de más dinero del que necesita para sustentarse el resto de su vida.
Comunismo y capitalismo: mitos, realidad y futuroComunismo y capitalismo: mitos, realidad y futuro
"¿No debería haber motines en la calle? ¿No tendría que estar todo colapsando? Miren afuera. Las calles no están en llamas, nadie corre desnudo o grita (generalmente). ¿Parece que todos van a trabajar a punta de pistola? No. Todos elegimos continuar así. ¿Por qué?", se pregunta Camp.
E inmediatamente da una respuesta: todo se debe a los mitos que nos han vendido, mitos profundamente arraigados en nuestra programación social desde el nacimiento. Estos mitos son aceptados y, básicamente, no son cuestionados nunca.
Mito 8: tenemos una democracia
El columnista llama al lector a preguntarse cuándo fue la última vez que el Congreso hizo algo que el pueblo de Estados Unidos apoyara, y que no se alineara con los intereses corporativos.
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Camp menciona que tanto el Centro Carter como el propio expresidente Jimmy Carter aseguran que Estados Unidos se ha transformado en una oligarquía: una elite pequeña y corrupta controla el país, prácticamente sin ninguna participación del pueblo.
"Los gobernantes necesitan el mito de que somos una democracia para darnos la ilusión de control", resume Camp.
Mito 7: tenemos un sistema de votación legítimo y responsable
El activista enumera una amplia variedad de fenómenos electorales, tales como la manipulación de circunscripciones, purga de votantes, minería de datos, sondeos de opinión simulados, superdelegados, la supresión de votantes, boletas provisionales, supercomités de acción política, el dinero oscuro y la exclusión de terceros partidos en los debates... Y luego pregunta: "¿Qué parte de esto suena como un sistema electoral legítimo?".
Compara por eso el sistema electoral estadounidense con la situación de un niño al que su padre posa en el asiento de su coche, donde el pequeño dispone de un volante de juguete y con colores brillantes para que pueda sentir que está conduciendo el automóvil.
"Ese es nuestro sistema de elección: un volante de juguete. No conectado a nada. Todos nos sentamos allí como niños y gritamos excitadamente: ¡Estoy manejando!".
Mito 6: tenemos medios independientes que obligan a los gobernantes a rendir cuentas
Camp recuerda que los medios de comunicación estadounidenses son financiados por contratistas de armas, gigantes farmacéuticos, grandes bancos y grandes petroleras.
"Los medios corporativos trabajan para promocionar una guerra, aplaudir a Wall Street y propagar el consumismo. Es su misión fortificar la creencia en estos mitos de los que les hablo", sostiene.
Mito 5: tenemos un poder judicial independiente
El sistema de justicia criminal se ha convertido en un arma manejada por el Estado corporativo, según Camp. "Es así como los banqueros pueden ejecutar hipotecas en millones de hogares, de manera ilegal, y no van a la cárcel, mientras los activistas a menudo cumplen condenas por desobediencia civil no violenta".
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Cita en este caso al periodista Chris Hedges: "Nuestro sistema judicial, como ha señalado [el abogado y activista] Ralph Nader, ha legalizado leyes secretas, tribunales secretos, pruebas secretas, presupuestos secretos y prisiones secretas en nombre de la seguridad nacional".
Si uno no es parte de la 'clase monetaria', lo presionan para que renuncie a los pocos derechos que le quedan. Según The New York Times, "el 97 % de los casos federales y el 94 % de los casos estatales terminan en acuerdos de culpabilidad: los acusados se declaran culpables a cambio de una sentencia menor".
"Acepten el acuerdo, porque no tienen un millón de dólares para gastarlos en un abogado", explica Camp.
Mito 4: la Policía está aquí para protegernos, ellos son nuestros amigos
Apunta que la Policía en EE.UU. está diseñada principalmente para hacer dos cosas: proteger la propiedad de los ricos y llevar adelante una guerra completamente inmoral contra las drogas, lo que "por definición es una guerra contra nuestra propia gente".
"Encarcelamos a más personas que cualquier otro país en el mundo. Lo que significa que la tierra de los libres es el Estado penitenciario más grande del mundo", escribe.
Por tanto, sostiene, las declaraciones de los políticos acerca de lo horrible que es China con respecto a los derechos humanos, o Irán o Corea del Norte, contradicen la estadística de personas que están entre rejas en EE.UU.
Mito 3: Comprar los hará felices
Este mito es creado principalmente por las inundaciones publicitarias que reciben los estadounidenses, pero también por la ingeniería social.
Camp señala que la mayoría de las personas siente "un vacío tenaz, una alienación adentro, por debajo de nuestras emociones superficiales".
"Esa inquietud se debe a que la mayoría de nosotros estamos despilfarrando nuestras vidas en empleos que odiamos, para luego ir a esas celdas de reclusión llamadas casas o apartamentos".
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"Luego encendemos la tele para ver programas 'de realidad' sobre personas que la pasan peor, algo que a todos nosotros nos parece gracioso", sostiene.
"Si tenemos suerte, ganaremos durante la semana suficiente dinero para pagar los fines de semana suficiente cerveza como para que todo tenga sentido", indica.
Pero eso realmente no nos da satisfacción. Entonces, los anuncios dicen que comprar lo hará.
"La oscura verdad es que tenemos que creer en el mito de que consumir es la respuesta; de lo contrario, no seguiremos haciendo girar la rueda. Y si no lo hacemos, entonces comenzaremos a pensar, comenzaremos a hacer preguntas. Esas preguntas no son buenas para la elite gobernante, que disfruta de una sociedad basada en la explotación diaria del 99 % de nosotros", explica Camp.
Mito 2: si trabajas con afán, las cosas mejorarán
Según una encuesta de Deloitte, el 80 % de las personas no están satisfechas con su trabajo, al tiempo que una persona promedio gasta 90.000 horas en el trabajo a lo largo de su vida. Esto es aproximadamente una séptima parte de su vida, que además representa sus años más productivos.
Camp asevera que "todos trabajamos para enriquecer a otras personas, porque vivimos en una sociedad en la que tenemos que trabajar", mientras que "los avances tecnológicos pueden hacer casi todo lo que realmente se debe hacer".
"Si quisiéramos, podríamos deshacernos de la mayoría del trabajo y tener decenas de miles de horas más para disfrutar nuestras vidas. Pero no estamos haciendo eso en absoluto. Y a nadie se le permite hacer estas preguntas, al menos no en los medios principales", escribe.
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Mito 1: somos libres
Hay ciertas restricciones a la libertad que en realidad desearíamos tener en nuestra sociedad. Pero mucha de nuestra falta de libertad no representa algo por lo que votaríamos si tuviéramos la oportunidad, escribe Camp.
El Estado de Israel hace ley su segregacionismo contra palestinos
La indignación por esta Ley que ahora legitima el sistema de apartheid que Israel viene imponiendo por la fuerza, llegó incluso hasta al reconocido músico, argentino-israelí, Daniel Barenboim que escribió una columna en el diario Haaretz, uno de los de mayor tirada en el Estado de Israel, titulada “Hoy me da vergüenza ser israelí”, en uno de los pasajes de su texto Barenboim plantea: “(…) tenemos ahora una ley que confirma a la población árabe como ciudadanos de segunda clase. Es entonces una forma muy clara de apartheid.”
El repudio que causó esta Ley hizo que los principales diarios de mundo publicaran el texto del músico, que es conocido internacionalmente no solo por su talento, sino por dirigir una orquesta de excelentes músicos, integrada por jóvenes palestinos e israelíes.
La Unión Europea, a través de su jefa de política exterior, emitió un comunicado de preocupación por la mayor desestabilización en la región, que puede provocar la aplicación de esa ley. Hay que decir que esta institución, dirigida por países imperialistas –donde Alemania tiene el mayor peso-, está acostumbrada solo a emitir comunicados, como cuando Israel realizó asesinatos a mansalva en la Franja de Gaza, en mayo, contra la marcha que realizaron los palestinos exigiendo su derecho al retorno.
Hasta el Comité Judío Estadounidense (el lobby sionista de Estados Unidos) declaró que esa ley es “innecesaria y que pone en peligro el equilibrio entre ser un Estado judío y ser democrático”. Equilibrio que nunca existió, dado que el Estado judío de Israel por definición no es democrático para aquellos que no son parte del pueblo judío. Las expulsiones, el robo de territorio, el encarcelamiento a menores, las torturas y asesinatos hablan por sí solos.
Esta nueva ley votada en la madrugada del 19 de julio, con un parlamento –knésset- dividido (la votación salió 62 a favor, 55 en contra y 2 abstenciones) deja expresamente asentado que los únicos con derecho a la “autodeterminación” son los ciudadanos de origen judío.
También podes leer: Israel se consagra como “Estado nación judío”, los árabes israelíes denuncian un "nuevo apartheid"
Para el Estado terrorista de Medio Oriente, ahora es ley que los palestinos – israelíes, sean ciudadanos de segunda (lo que ya venía siendo de hecho). Ahora, por ejemplo, la única lengua oficial será la hebrea, mientras el árabe ahora solo tendrá “status especial”.
En la práctica lo que venía sucediendo, sobre todo desde el año pasado, es que el Ministro de Educación israelí Naftali Bennett comenzó a imponer, vía resoluciones, en las escuelas de educación inicial -sobre todo- que se hablara solo el idioma hebreo. De esta manera los niños de origen árabe terminaban hablando su lengua natal solo en sus hogares. Con esta ley, esto recrudecerá.
Los palestinos que habitan al interior del Estado de Israel, constituyen el 20% de la población. Esta proporción era casi exactamente al revés (superaban el 80% de los habitantes del conjunto de esa región) poco antes de ser creado en 1948.
La votación no estuvo exenta de escándalo, no podía ser de otra manera. Los diputados árabes – israelíes protestaron desde sus bancas y fueron sacados de la knésset por el servicio de seguridad del parlamento. Una muestra light del salto en el segregacionismo racial que implica esta “Ley básica”.
Pero eso no es todo, ahora también es legal la construcción de pequeñas ciudades en los territorios ocupados. El artículo 7, inciso B, plantea: "el estado ve el desarrollo de las comunidades judías como interés nacional y dará pasos para animar, avanzar e implementar este interés". Hasta ahora algunos colonos eran desalojados por el mismo ejército israelí, por orden de la Corte Suprema, cuando ésta consideraba que no tenían una autorización expresa de autoridades israelíes.
También consagra a Jerusalén como capital del Estado. Recordemos que cuando Donald Trump ordenó el traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a esa ciudad (considerada sagrada para las tres religiones monoteístas), generó también una ola de repudios y la inauguración de la mudada sede diplomática provocó manifestaciones por parte del pueblo palestino, tanto en Cisjordania como en Gaza, y fue en esta última ciudad donde el ejército sionista asesinó a decenas de manifestantes.
Ignacio Copani en la Batalla Cultural

miércoles, 1 de agosto de 2018
Marchan en Argentina contra el Decreto de Macri sobre "seguridad"
La manifestación rechaza el decreto de Macri que busca habilitar la militarización de la seguridad interior.
Organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas marcharon este jueves en Argentina para rechazar el decreto del presidente Mauricio Macri que permite a las Fuerzas Armadas participar en asuntos de seguridad interior.
El decreto 368, firmado por Macri, es considerado por diversas organizaciones y personalidades argentinas como un claro Retroceso, pues afirman que con él volverán a los años en que las Fuerzas argentinas tenían permiso para reprimir a la población.
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Texto por Natalio Cosoy --- Última modificación : 27/07/2018
El presidente Macri emitió un decreto que abre la puerta a que las Fuerzas Armadas participen en seguridad interior, algo que estaba limitado desde el fin de la dictadura. Para la oposición y organismos de DDHH se trata de una grave decisión.
Están entrenados para combate, portan fusiles FAL de alto poder letal; no tienen instrucción para tareas policiales ni represión de manifestaciones, no están formados en el uso de fuerza no mortal.
Todo esto son hechos, datos concretos sobre la conformación actual de las Fuerzas Armadas de Argentina; compuestas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
Pero hay otro elemento clave: los siete años de dictadura militar que vivió el país entre 1976 y 1983, un periodo en el que las Fuerzas Armadas (FF.AA.) realizaron serias violaciones de derechos humanos y cometieron delitos de lesa humanidad, dejando miles de muertos y desaparecidos.
Eso dejó una marca tan profunda que llevó a que, desde el regreso de la democracia al país, ningún gobierno les diera a las FF.AA. un rol directo en seguridad interior (aunque algunos sí pensaron en hacerlo) y mantuviera bien delimitada su función como agente de defensa ante agresiones externas, algo establecido por una serie de normas, especialmente la Ley de Defensa Nacional y la de Seguridad Interior, y un decreto de la presidencia de Néstor Kirchner, de 2006, que explícitamente restringía la tarea de los militares a agresiones de origen externo perpetradas por otro Estado.
Es cierto que había ya algunos casos en los que las FF.AA. tenían algún tipo de rol que iba más allá de repeler un ataque de un tercer Estado. Por ejemplo, haciendo presencia en zonas de la frontera norte (algo que ahora se va a profundizar), con el fin de disuadir actividades de narcotráfico. O la asistencia de la Fuerza Aérea en el seguimiento de aeronaves en vuelos irregulares (potencialmente vinculadas al narcotráfico).
Pero había un límite claro impuesto por la Ley de Seguridad Interior, que dice que las FF.AA. solo pueden actuar en ese ámbito en casos excepcionales (por ejemplo, en el marco de un estado de sitio, que debe ser declarado por el gobierno).
Ahora, se espera que esto cambie.
Un decreto del presidente Mauricio Macri, publicado el martes 24 de julio, modifica mucho más profundamente la limitación que imponía la norma vigente.
Primero deja por fuera la precisión de que debe contener ataques de terceros Estados. Por lo tanto, queda la puerta abierta, y así lo han dicho desde el Gobierno, para que intervengan de algún modo en la lucha más directa contra el narcotráfico, el terrorismo y el ciberterrorismo internacionales.
Además, hace una modificación que deja de lado la prohibición explícita de muchas actividades de seguridad interior, al hablar de "integración operativa" con las fuerzas de seguridad, como la policía. También incorpora un artículo algo críptico que modifica la aplicación la Ley de Defensa, que limita las "control y vigilancia de las fronteras, aguas jurisdiccionales de la Nación y custodia de objetivos estratégicos" a la Prefectura y la Gendarmería, para habilitar que puedan hacerlo las FF.AA. (una interpretación más amplia podría llevarlo aún más allá de las fronteras, las aguas y los objetivos estratégicos).
Vastos sectores de la sociedad argentina ven con temor los cambios en las FF.AA.
Todos estos cambios parecerían habilitar intervenciones en casos muy amplios, al hablar de: "Operaciones en Defensa de los intereses vitales de la Nación; Operaciones dispuestas en el Marco de la ONU. u otros organismos internacionales; Operaciones encuadradas en la Ley N° 24.059 y Operaciones en Apoyo a la Comunidad Nacional e Internacional". No está claro allí cuáles son esos "otros organismos internacionales" de los que habla el decreto, tampoco a qué se refiere con operaciones en apoyo a la comunidad nacional.
Vastos sectores de la sociedad argentina ven con temor estos cambios y los alcances que pueden tener. De hecho, dentro de las propias FF.AA. muchos consideran que no es para lo que están entrenados; tienen muy claro el tipo de formación que tienen y en qué circunstancias están preparados para actuar. Seguramente por eso el presidente Mauricio Macri dijo el lunes, al anunciar frente a militares cambios que implican algún tipo de intervención interior, que en el siglo XXI, los 70.000 miembros de las FF.AA., "son hombres y mujeres de la democracia".
Sin embargo, el propio Macri reconoció que no hay una situación de conflicto en el país que amerite pensar en acciones militares. "Los argentinos vivimos en una zona de paz", dijo. Pero advirtió: "somos parte de ese mundo complejo". Según él, entonces: "necesitamos que nuestras fuerzas sean capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI".
Macri dijo que se trata de proteger la soberanía e integridad territorial del país; pero también apoyar la política exterior, contribuyendo integración al mundo, con misiones de paz y presencia en Antártida. Ninguna de estas misiones necesita en sí misma un cambio de normativa. Argentina ya tiene militares en la Antártida y participando en misiones de paz (tuvo una presencia muy importante con observadores de la implementación de parte del acuerdo de paz en Colombia).
El presidente dijo también: "Es importante que puedan colaborar con la seguridad interior". Pero tras publicarse el decreto, al aumentar las críticas, el miércoles Marcos Peña, jefe de Gabinete, dijo a periodistas, a la salida de una reunión de ministros: "De ninguna manera se está planteando que las las FFAA hagan seguridad interior". ¿Contradicción? No necesariamente: la diferencia está entre las palabras "colaborar" y "hagan" y cuán gruesa será la línea entre ellas.
CELS: “el problema que nosotros vemos de la reforma es que le sacan la definición de agresión externa estatal”
El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una ONG dedicada a hacer seguimiento a estas áreas y que ha sido muy crítica de las políticas de este Gobierno en materia de seguridad y defensa, cuestionó el decreto. En una nota publicada tras conocerse el texto de la norma, dijeron: "estas medidas se justifican con argumentos modernizadores, pero en realidad implican reproducir políticas de probada ineficacia, que agravaron los problemas en lugar de resolverlos y que hoy están siendo desmanteladas en muchos países".
"El problema que nosotros vemos de la reforma es que le sacan (a la normativa) la definición de agresión externa estatal", le dijo Paula Litvachky, directora del Área de Justicia y Seguridad del CELS, a France 24. De acuerdo con la ONG, en otros países de la región en que se implementaron políticas de militarización de la seguridad, estas "fracasaron en sus objetivos y tuvieron graves consecuencias para los derechos humanos: escalaron el conflicto social y los niveles de violencia institucional".
El CELS ya había dicho, además, que la asignación de tareas de seguridad interna a las FF.AA. puede llevar a su desprofesionalización y desprestigio. Es algo que también temen los militares, que no quieren tener que ser quienes terminen pagando la responsabilidad de algún incidente causado por decisiones políticas.
Para justificar la decisión, en declaraciones al canal de televisión local TN, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, dijo: "El terrorismo no tiene patria, el narcotráfico no tiene patria y tampoco la tiene el ciberataque". Pero para el CELS, son tareas que deberían estar a cargo de las fuerzas de seguridad interior, que deberían desarrollarse con ese fin.
Ahí es donde no está explicado el paso del Gobierno", dijo Litvachky, "si efectivamente se necesita que las FF.AA. intervengan en fenómenos no estatales, ¿es porque se le va a agregar qué cosa a la intervención?". La preocupación allí, otra vez, es que se vuelva una intervención más letal. Y además, señala la analista, se trata de problemáticas, como el narcotráfico o el terrorismo, cuya real escala y características en Argentina no han sido claramente determinadas.
"Discutamos realmente el diagnóstico de narcotráfico y el de terrorismo", dijo.
En el caso de ataques extremistas, en el país no ha ocurrido nada desde 1994, cuando una bomba explotó en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), matando a 85 personas e hiriendo a más de 300. No aparecen claras desde el gobierno hipótesis de posibles nuevos ataques y, en todo caso, son escenarios que requieren más tarea de inteligencia que otra cosa. Pero para Litvachky, en el caso del terrorismo, la decisión del Gobierno tiene más que ver con una política exterior, de "hacer lo que tiene que hacer" de cara al mundo.
Protestas y rechazo opositor
Otro problema que identifican los críticos al decreto es que las reglas de intervención de las FF.AA. no están claramente determinadas (está pendiente una directiva presidencial, aún no publicada, que podría dar estas precisiones): ¿cómo deberían reaccionar los soldados si alguien intenta ingresar a una planta nuclear que están vigilando?, ¿y si son atacados por una comunidad que reclama tierras que están dentro de un proyecto de explotación de petróleo o gas? No tener todavía órdenes claras ni alternativas de equipamiento no letal, en ese contexto, es algo que preocupa al interior de las FF.AA. y en general existe la idea de que no quieren tener que ser llevados a escenarios de represión.
Otros tienen el temor de qué podría pasar con los movimientos mapuche que reclaman tierras en el sur del país. Ya han tenido enfrentamientos con fuerzas de seguridad, que terminaron con la muerte de dos activistas, uno, Santiago Maldonado, ahogado en un río helado en un confuso episodio en el que –por lo que se ha determinado hasta el momento– huía de una avanzada armada de Gendarmería y otro, Rafael Nahuel, quien recibió un disparo del arma de un agente durante un operativo de la Prefectura.
Litvachky dice que no hay ningún dato concreto que prevea el uso de las FF.AA. en el contexto de los reclamos mapuche, pero sí advierte que "hay preocupación porque eso aparece definido por el gobierno en algunos casos como un problema trasnacional", porque esa comunidad indígena está distribuida entre ambos países, y porque el gobierno también lo señala como algo que atenta contra los intereses del Estado argentino. Todavía no está del todo claro si el nuevo decreto permitiría o no la intervención militar en este caso.
Pero la implementación de los cambios ya está avanzando.
A inicios de agosto cientos de militares se desplegarán en la frontera norte del país –con fines disuasorios y de apoyo logístico a las fuerzas de seguridad en la lucha contra el narcotráfico– y, hasta donde pudo averiguar France 24 ya están designados los objetivos estratégicos a los que las FF.AA. prestarán custodia, fundamentalmente infraestructura energética, especialmente en zonas de la Patagonia (este medio se contactó con el Ministerio de Defensa para contrastar esta y otras informaciones, pero no obtuvo respuesta).
También se espera que, en el marco del nuevo decreto, los militares participen de la seguridad de la cumbre de presidentes del G20 que tendrá lugar a fines de noviembre en Buenos Aires. Posiblemente en un cordón externo, que los deje fuera de cualquier posible confrontación con manifestantes, que sería manejada –como es habitual– por las fuerzas de seguridad. No sería la primera vez que las FF.AA. forman parte de operativos en eventos de estas características. Pero si se les llegara a pedir que esta vez actúen como barrera directa frente a protestas, sería algo que posiblemente preocuparía por igual a las propias FF.AA. y al CELS.
Como esta, hay muchas otras preguntas sin respuesta que ha dejado abiertas la decisión del Gobierno de modificar el rol de los militares. Preguntas sin respuesta y temores sin despejar.
En este marco, un grupo de legisladores opositores presentó un proyecto de ley para derogar el decreto presidencial, con el argumento de que modifica la Ley de Defensa Nacional y debe ser, entonces, una decisión que debe pasar por el Congreso.
Por eso, este jueves 26 de julio, además, hubo una manifestación frente al Ministerio de Defensa organismos de derechos humanos, organizaciones políticas y sociales en contra del decreto presidencial.
Conclusión del Remitente
Con semejante medida, Macri se dispone evidentemente a establecer en Argentina una Nueva DICTADURA apoyada por las Fuerzas Armadas para IMPONER a la FUERZA y Sin Ninguna Oposicion las Medidas ultraliberales
que viene REQUIERIENDO como de costumbre, el Gran Capitalismo y los Sectores más inclinados a la Extrema derecha
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