Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de enero de 2026

De Capusotto

Odian al pobre. Odian al morocho. Odian a la mucama y al albañil. Odian al villero y al que vive en los suburbios. Odian a los bolivianos y a los paraguayos. Odian a los judíos. Odian a los homosexuales y las diversidades. Odian a las mujeres que marchan contra el machismo. Odian a los marginados y excluidos del sistema que cobran planes sociales. Odian al laburante que protesta en la calle porque lo dejan sin trabajo. Odian a las mamás luchonas y sus bendiciones. Odian a los pibes que estudian en la escuela pública. Odian al docente que exige un salario digno. Odian la voz popular cuando se manifiesta en voz alta. Odian que cualquier otro irrumpa en su burbuja de privilegios, en su torre de marfil reservada para la élite, para los salvados de la patria, para quienes pretenden ser dueños de un país que detestan. Aunque canten el himno a los gritos y se emocionen, lo detestan, porque detestan a las mayorías. Aunque griten los goles de la selección, aprovechan el humor racista, xenófobo, de clase, para comunicarse, para sentirse parte de la minoría con el real linaje patriótico. Vienen muy orgullosos de sus colegios privados de nombre anglosajón y tuitean con brutos errores de ortografía. Se refugian en sus muy protegidos barrios privados y repiten el discurso de papá y su billetera forrada de timba financiera y evasiones millonarias, delincuentes de traje y corbata y estafas corporativas y muy patrióticas también. Sueñan con un país uniformado, donde la policía defienda sus posesiones y aniquile a la masa morocha, pobre, excluida, arrojada en la banquina de la pobreza. No disimulan su odio: están orgullosos de ese odio. Ese odio los define. Ese odio los deja dormir tranquilos. Odian a todos, excepto a la minoría como ellos. Viven de inocular su veneno y de crecer burlándose del otro, del diferente, del paria que nunca pisará su burbuja de privilegios. Se creen dueños de un país que detestan. . Diego Capussotto

miércoles, 8 de octubre de 2025

La hija del Che

"Cuando yo lo fui a ver (a Fidel), le dije el día que me iba a casar y que yo entendía si él no podía ir que no se preocupara; pero él me dijo que no me podía casar si él no llegaba. Y ese día llegó a Cuba de visita el presidente, en aquella época, de Yugoslavia. Fidel llegó tardísimo a la boda porque (después me contaron), miraba el reloj a cada rato y el presidente de Yugoslavia se dió cuenta y le dijo a si él tenía otro compromiso que no había problemas que el entendía. Cuando Fidel le explicó que se casaba la hija del Che y que él tenía que estar, el presidente de Yugoslavia lo miró asombrado (porque en Europa siempre se ha manejado mucho que si ellos se habían peleado y todas esas boberías) y entonces tío ve la cara del hombre y le dice: "¿Usted quiere ir conmigo?" y se aparecieron en mi boda (que era para sumo 30 personas), se apareció tío por una puerta y el presidente de Yugoslavia por la puerta de la cocina con toda su comitiva que eran como 200 personas. Para colmo estaba lloviendo y no cabíamos ni en la casa... Eso fue una odisea... Y allí cuando estoy firmando... Yo le había dicho: Tú eres mi tío, por tanto no puedes firmar como testigo porque los padres no hacen eso y para mí él era realmente mi papá también.. entonces por eso él está mirando lo que estoy haciendo y, cuando terminamos de firmar Julio y yo, él le dice a Raúl: "ahora firma tú y después firmo yo y entonces es cuando los muchachos estarán casados" y el acta de matrimonio tiene, por detrás, la firma de Raúl y la firma de él. Por eso está él metido ahí todo el tiempo. Fue muy simpático todo esa noche..." Anécdota contada por Aleida Guevara para esta publicación