miércoles, 13 de marzo de 2019

Yemen y Palestina desenmascaran la farsa de “Las acciones humanitarias” de EEUU


Nazanín Armanian Dejé la mitad de mi vida en mis tierras persas, y cuando aterricé en esta península de acogida, entrañable plataforma de reclamo de pan y paz para todos, me puse a ejercer el desconcertante oficio de exiliado: conocer, aprender, admirar, transmitir, revelar y denunciar, estos últimos aprovechando las clases de la Universidad, los medios de comunicación y una docena de libros como - 'Robaiyat de Omar Jayyam' (DVD ediciones, 2004), ' Kurdistán, el país inexistente' (Flor del viento, 2005), 'Irak, Afganistán e Irán, 40 respuestas al conflicto de Oriente Próximo' (Lengua de Trapo, 2007) y 'El Islam sin velo' (Bronce, 2009). MÁS DE NAZANÍN ARMANIAN · Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA · Trump, candidato al Nobel por un (no) “Acuerdo del siglo” palestino-israelí · El petróleo de Venezuela, las paradojas de EEUU y la crisis de la OPEP · Diez motivos y once consecuencias de la retirada de EEUU del acuerdo nuclear INF con Rusia · El asunto del “oro de Venezuela” ¿indicador de una revolución monetaria mundial? Sólo los ingenuos pueden creer que un tal Donald Trump, los criminales de guerra como John Bolton y Elliott Abrams, o Bruselas se desvivan por las clases desfavorecidas de Venezuela. Nosotros no participamos en lo que no es para nosotros una ayuda humanitaria” afirma el responsable de la Cruz Roja de Colombia, testigo directo de lo que realmente está sucediendo. Mientras descarga unas toneladas de “ayuda” en la frontera de Venezuela, Trump reduce de forma drástica la contribución de EEUU a La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), de 300 millones a 60, dejando en una situación extremadamente inhumana de los 5,3 millones de personas condenadas a la miseria por el colonialismo israelí. Los gobiernos de EEUU han respaldado no sólo la corte de luz y agua a Gaza, sino también la matanza de un pueblo desarmado –entre ellos miles de niños-, entregando a Israel armas y vetando todas y cada una de las resoluciones condenatorias de la ONU. Gaza está al borde de una catástrofe. En Yemen millones de personas viven la peor crisis humanitaria del mundo, provocada por la colación dirigida por EEUU-Arabia Saudí, que sigue bombardeando el país desde el 2015, y además ha bloqueado los puertos yemeníes impidiendo la entrada de comida, material sanitario, combustible y ayuda humanitaria a 20 millones de personas. No les tiembla las manos lanzar misiles incluso sobre los campos de refugiados. El 70% de la población necesita asistencia humanitaria urgente, 7 millones de ellos se enfrentan a la hambruna, y miles ya han muerto de cólera. Claro que terminar el conflicto perjudica al negocio. En Sudan Sur, entre 2014 y 2018 han muerto, según la ONU, al menos 400.000 personas a causa de la violencia, el hambre y la crisis humanitaria. Y nadie derramó una sola lágrima por ellos. En Irak entre 1991 y 2003, los bombardeos sobre el país iban acompañados por un embargo al pueblo que acabó con la vida de 2 millones de personas, el más criminal de la historia, pues no eran más que “daños colaterales” en la consecución de objetivos supremos. ¿Cuáles son los objetivos reales de EEUU? . Crear opiniones favorables hacia el gobierno impopular de Donald Trump. . Lavar la cara de una oposición ya cuestionada por sus vínculos con la CIA. . Desviar la atención de los verdaderos responsables de la crisis, presentándoles como salvadores. . Demonizar al presidente Maduro (como se hizo con Saddam Husein, Milosevic o Gadafi), como cruel y despiadado que mata a su propia gente, mientras EEUU y Europa se niega a imponer un mínimo castigo a algunos aliados que se parecen más a una banda criminal que a un gobierno. Los verdaderos propósitos de Washington para Venezuela no son otros que geopolíticos y económicos. Si no, ¿Desde cuándo provocar un estado de guerra contra una nación haya acabado con su sufrimiento? El arma de “preocupaciones humanitarias” La Responsabilidad de Proteger (“R2P”), formulada por la ONU en 2005 que le otorga a la “comunidad internacional” el derecho a intervenir en un país para proteger a sus habitantes de genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y graves violaciones de derechos humanos, ha sido el pretexto de las agresiones militares de EEUU y sus aliados con el fin real de consolidar la hegemonía de las élites militaristas euroamericanas sobre el mundo. O ¿Se atreverá algún estado del Sur enviar tropas a Francia en apoyo a los Chalecos Amarillos y derrocar a un Macron por mal gobernante? O ¿Alguien ha pensado el Tribunal Penal Internacional juzgará al “Trío de Azores” o a los reyes que asesinaron al periodista Khashoggi? Washington ha normalizado su dominio sobre otras naciones en nombre de su “excepcionalidad”, que le permite secuestrar a personas de otros países y encerrarles en las cárceles ilegales pero públicas, sometiéndoles a las torturas más brutales con total impunidad. En este negocio redondo llamado “guerra, arrasaron Libia, la primera reserva del petróleo del África, para “salvar a su pueblo del dictador”, convirtiéndole en el principal laboratorio de la esclavitud y la barbarie del mundo. - En Siria, utilizaron el cuerpo del pequeño Alan Kurdi para manipular los sentimientos nobles de empatía de buena gente y justificar una intervención militar. Luego, al no conseguirlo, y con el objetivo de deshacerse de miles de refugiados se inventaron la farsa de los “refugiados desagradecidos violadores” en Alemania, y sobornaron a Tayyeb Erdogan para que admitiese “las devoluciones”: se trataba de decenas de miles de vidas destrozadas, cuerpos machacados. Iban a Afganistán a liberar a las mujeres del burka, y llevan 18 años bombardeándolo, matando al menos a un millón de personas y obligando a millones a huir de sus hogares: las mujeres están peor ahora que hace 45 años. El derecho de las personas de recibir ayuda en situaciones de catástrofe es un asunto político, y debe ser canalizada por las instituciones internacionales con criterios éticos. El deber de las fuerzas progresistas es impedir que la derecha más bélica siga monopolizando esta bandera.

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