domingo, 20 de agosto de 2017

EL DESAPARECIDO QUE LE FALTABA A LA DICTADURA MACRISTA (Parte 1)


Cuando en los spots publicitarios el macrismo hablaba de “cambiar futuro por pasado”, a la mayoría de los argentinos no se les ocurrió con cuanta vehemencia ese trágico postulado podía hacerse realidad. Por supuesto, se conoce sobre la tristemente célebre existencia de minoritarios segmentos afines a los atropellos de la pasada dictadura militar, aunque más allá del intrínseco deseo de reiteración no reprimida, de seguro jamás supusieron ni en el más recóndito de sus sueños remotos de volver al pasado, que un hecho semejante pudiera tener lugar en territorio argentino. Cabe recordar las graves acusaciones de los sectores que hoy integran el actual desgobierno nacional, junto a sus apólogos, acusando al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de la desaparición de Julio López, previa a los descargos en juicio oral contra el torturador, Miguel Etchecolatz. No debe caerse en la fantasía de comparar la reciente desaparición de Santiago Maldonado con los sucesos de la Patagonia Trágica, los crímenes de la Conquista al Desierto, ni de las víctimas de La Forestal. Eso sería incurrir en devaneos cinematográficos que caricaturizarían la dimensión de las acciones perpetradas durante la eventual vigencia del Estado de Derecho en la Argentina. Sí, en cambio, encontrar relación entre una asociación ilícita adueñada del poder político, afín al modelo económico del mal llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, el cual como sus antecesores de facto, no tiene más argumentos que reprimir para obligar al acatamiento de lo inaceptable. Desaparición y “lágrimas de cocodrilo” La verdad de los hechos pudo demostrar claramente que al ser visto por última vez, el joven activista se encontraba contra su voluntad en poder de personal de Gendarmería, detenido de ilegalmente en el territorio ocupado por el lof mapuche de Cushaman. En tanto, tanto la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, como el resto de la administración encabezada por Mauricio Macri, se manifestaron al respecto y en caso de realizarlo, no lo hicieron de forma convincente. Las únicas declaraciones fueron las macabras y convincentes del diputado Esteban Bullrich, cuando se refirió a que “el camino emprendido todos los días tiene un pibe más que está preso”, aunque en esta ocasión no aclaró si con vida o muerto. La Comisión Provincial por la Memoria de Chubut, dio fe a través de su denuncia de la intervención del Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, quien al encabezar el operativo hizo efectivos su anuncio textual de “detener a los miembros del RAM mapuche sin intervención judicial”. Como no toda la justicia se encuentra cooptada, el juez de Esquel, Guido Otranto, tuvo la valentía de intimar al régimen macrista para informar acerca de la detención. Emulando las palabras del dictador, Jorge Rafael Videla, al hablar de la figura del desaparecido como alguien “que no se encuentra vivo, ni muerta, porque en realidad no está”, Gendarmería informó en un escueto comunicado no tener consigo al activista, sin aportar mayores datos de las presuntas investigaciones adelantadas al respecto, a pesar de estar en la mira de la justicia y los ciudadanos. Transcurridos nueve días de la sustracción ilegal, organismos internacionales exigen de manera conjunta la aparición de Santiago Maldonado, en solidaridad con distintas entidades de derechos humanos nacionales o del exterior. De hecho, fueron realizadas marchas y manifestaciones Buenos Aires, La Plata, Bariloche y Neuquén capital, donde también se exigió la renuncia de Bullrich. También se convocaron marchas en Mar del Plata, Bahía Blanca, General Madariaga, Mendoza, Malargüe, El Bolsón, Rawson, Viedma, Rosario y Gualeguaychú. Fuera del país en Bogotá (Colombia) y Asunción (Paraguay). Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI (DNI: 20573717)

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