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jueves, 18 de octubre de 2018

" La Inquisición Neoliberal " en la Batalla Cultural


Fernando Borroni se presentó en la Batalla Cultural de Olivos para charlar y dar a conocer su libro " La Inquisición Neoliberal ". Una disertación muy jugosa sobre cuestiones de la realidad con la particular mirada del autor. Luego el público pudo realizar preguntas al protagonista.

La palabra de Fernando Borroni en la Batalla Cultural


El 16 de octubre de 2018 Fernando Borroni estuvo en la Batalla Cultural de Olivos presentando su nuevo libro " La Inquisición Neoliberal ". Una jugosa charla con posteriores consultas del público. Y antes del evento conversamos a solas con el autor.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Los dueños de la luz


Aumentos de octubre


Los fascistas del futuro


El imperio del consumo Por Eduardo Galeano


El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. «Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas. El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness. Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece. Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas. Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo. Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. //////////// www.ecoportal.net ||||||||||||

Ministros para Bolsonaro


Camino a la segunda vuelta electoral el ultraderehista Jair Bolsonaro no solo prometió bajar la cantidad de ministerios, de los actuales 29 a 15, sino que señaló a algunos de los que formarían parte de su gabinete. Entre las nueve personas mencionadas por Bolsonaro se encuentran magnates, corruptos, esclavistas, defensores de educación por Whatsapp, y militares. Un verdadero gabinete de terror. Veamos caso por caso El principal candidato para ocupar el cargo de Jefe de la Casa Civil(Jefe de Gabinete), que también está a cargo de las relaciones con el poder legislativo (Cámara de Representantes y Senado), es el golpista y recientemente reelegido congresista Onyx Lorenzoni (del partido DEM). Lorenzoni es un corrupto que confesó haber recibido 100.000 reales de los hermanos Batista, del frigorífico JBS, y está citado también en la denuncia de Odebrecht, sin haber sido investigado por el Ministro del Supremo Tribunal Federal, Luiz Fux, el mismo que sí decidió vetar arbitrariamente a Lula para que pudiera dar entrevistas. Lorenzoni que además está vinculado a Cosan, uno de los mayores grupos económicos privados del agronegocio del país, recibió al menos 10 millones de reales para el financiamiento de su reciente campaña de parte de terratenientes y ejecutivos denunciados por el empleo de mano de obra esclava. Para el Ministerio de Educación, que con el recorte de carteras incluiría al de Cultura y el Deporte, el favorito es nada menos que el principal referente de la educación a distancia en el país, el empresario Stavros Xanthopoylos. Stavros es presidente de la Asociación Brasileña de Educación a Distancia (ABED) y exdirector de FGV Online. Junto con Bolsonaro, elaboró la absurda propuesta de que la enseñanza pública brasileña sea a distancia, desde la Enseñanza Fundamental. Dice que él mismo colabora con la campaña, y se comunica diariamente por WhatsApp, entonces "¿por qué no incorporarlo en el proceso educativo?". Para él, los profesores estarían mejor como "curadores de contenidos" del nuevo sistema de enseñanza del siglo XXI, adaptado a las nuevas relaciones de trabajo modernas (es decir, flexibilizadas y precarizadas), que en el aula hablando sobre las minorías. El "candidato a Ministro" repudia las cuotas raciales, el debate de género, y es defensor intransigente de la Escuela Sin Partido. Stravos afirmó además a GloboNews que no se opone a la militarización de las escuelas, hasta que sean sustituidas por el sistema educativo vía whatsapp. El Ministerio de Salud sería asumido por el millonario empresario ganadero Henrique Prata, Director General del Hospital de Amor de Barretos, que ya declaró aceptar el cargo. Dueño de una de las mayores fortunas del negocio ganadero del Centro-Oeste del país, Prata es un magnate influyente y la mayor referencia del modelo de salud privada, financiada con dinero público. El famoso hospital de Barretos es administrado por la Fundación Pío XII, del propio empresario, y se sostiene en base a aportes de grandes empresarios y sobre todo a los millonarios subsidios que recibe del Estado mensualmente. Su objetivo es hacer de la salud una fuente de ganancias y no un derecho social. Como no podían faltar, en esta terna de reaccionarios enemigos de los trabajadores, hay al menos tres militares. El asesor de Bolsonaro y general de reserva Augusto Heleno, está indicado para el Ministerio de Defensa. La primera vez desde la vuelta de la democracia que un militar asumió este ministerio en Brasil fue bajo el gobierno golpista de Temer. Ahora, va a asumir la cartera el General que comandó la operación "de paz" en Haití, bajo el Gobierno del PT, que tuvo un costo multimillonario y que dejó, al final de sus 13 años, un saldo de miles de muertos y mujeres violadas o forzadas a someterse abusos por un plato de comida. Heleno, para quién la reciente intervención militarizada de Río de Janeiro es el modelo de "seguridad pública" para Brasil, defiende la libertad completa del Ejército para matar en los barrios pobres, con garantías de que no existirá ningún tipo de "comisión de la verdad". Esta será la "defensa" del gobierno de Bolsonaro, la mayor represión posible, en especial para los negros y pobres, para garantizar la aplicación de las reformas y de los planes de ajuste de los demás ministros. El segundo militar es Osvaldo Ferreira, General de reserva, escogido para encabezar el Ministerio de Transporte. Defensor de la dictadura, del que él mismo fue parte, Ferreira participó en ese período de la construcción de la carretera BR-163, y se enorgullece de la vasta deforestación que generó "desde el primer árbol", y de haber sido parte de la masacre de comunidades indígenas para robar sus tierras y abrir espacio a la carretera conocida como Cuiabá-Santaréb. Por último, pero no menos reaccionario, el Teniente Coronel de la Reserva de la Fuerza Aérea Brasileña y astronauta Marcos Pontes, fue señalado para encabezar el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ponte defiende la libertad para la portación de armas, la venta de las reservas de los pueblos originarios, el encarcelamiento de la juventud negra, e probablemente será un hombre de "hierro" para aplicar las inversiones "tecnológicas" necesarias para aumentar la represión y persecusión a los activistas y los movimientos sociales que tanto odia. El posible nombramiento del terrateniente Nabhan García, presidente de la UDR (Unión Democrática Rural), para el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente suena como una broma de muy mal gusto. García es uno de los hombres de confianza del presidenciable y es conocido por su abierta oposición al movimiento de los sin tierras, los pueblo originarios. Está acusado de organizar milicias para atacar a estos movimientos. Una de sus principales propuestas acabar con las multas por la deforestación, además de defender la necesidad de acabar con las organizaciones del Estado que supuestamente no respetan la propiedad privada de los terratenientes. Aparentemente, el Medio Ambiente no se incluyó en la lista de preocupaciones del nuevo Ministro. El presidente interino del partido de Bolsonaro y su inseparable brazo derecho, el abogado Gustavo Bebianno, fue señalado como futuro Ministro de Justicia, aunque aún no habría aceptado. Bebianno es una especie de fanático de Bolsonaro, que se ha pronunciado abiertamente contra los derechos humanos y las libertades democráticas, actor del golpe institucional desde el inicio, declaró en un video divulgado por la red O Globo que no tiene problemas con la opción sexual de las personas, pero lo que le hace "perder la razón" son "los maricones". Defensor de agilizar las vías legales para aprobar la reforma previsional, también anunció que Petrobras será privatizada, pero sólo después de sacar a todos los petistas de la gestión. La nave insignia de Bolsonaro es Paulo Guedes que ya hace tiempo es su figura para cubrir el Ministerio de Economía, Finanzas y Planificación. Con un gran poder concentrado en sus manos, Guedes será un representante del gran capital contra los trabajadores, y ya está preparando un equipo de mega empresarios compuesto por Alexandre Bettamio, presidente ejecutivo para América Latina del Bank of America, João Cox presidente del consejo de administración de TIM, y Sergio Eraldo de Salles Pinto, de Bozanno Inversiones (gestora de inversiones presidida por el propio Guedes). Este ultraneoliberal "chicago boy" anunció en una entrevista con la Folha de Sao Paulo que piensa privatizar todo: "¿Por qué no vender la oficina de correos? ¿o Petrobras?". Bolsonaro ya anunció que piensa privatizar 50 empresas estatales. Esta es la forma que encontró Guedes de garantizar dinero para pagar la fraudulenta e ilegítima deuda externa. Ni más ni menos que el traspaso de miles de millones de dólares de dinero público a los bancos. El empresario, que es dueño de varias empresas que se verían favorecidos en el gobierno Bolsonaro, fue señalado recientemente por el Tribunal Federal por haber participado mediante una de ellas en un fraude millonario que robó dinero público de los fondos de pensiones de BNDES (Banco de Desarrollo). Como era de esperar las investigaciones sobre este fraude no prosperaron. La mala noticia es que aún faltan 6 nombres más para completar este equipo del terror, elegido a dedo para atacar directamente a los trabajadores y el pueblo brasileño. La buena, es que todo este plan nefasto puede encontrar una piedra infranqueable en su camino: la resistencia de los trabajadores y trabajadoras encabezando la lucha de los sectores más empobrecidos contra este avance sin precedentes de los empresarios sobre sus derechos y sus vidas.