lunes, 25 de octubre de 2021

Editorial de Aliverti del 23 de octubre { Control de Precios }

EL TOF 8 dijo que la denuncia de Nisman es falsa y derriba la hipótesis de su asesinato

El Tribunal Oral Federal Nº 8 el 7 de octubre pasado, dictó una trascedente sentencia en relación a la denuncia del ex fiscal Alberto Nisman, referida a la firma del Memoránum de Entendimiento con Irán, antes de concretarse el juicio oral y público contra los imputados encabezados por la ex presidente y actual vicepresidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Con ella dispuso “tener presente los planteos de nulidad interpuestos por las defensas de los imputados”, “sobreseer” a los mismos, y “dejar sentado que el presente proceso no afecta el buen nombre y honor del que hubieran gozado”. Pero sus alcances van mucho mas allá porque con ese fallo se derriba la maniobra llevada adelante por los jueces Claudio Bonadío, Martín Irurzun, Leopoldo Bruglia, Mariano Borinsky, y Gustavo Hornos, con la participación del entonces presidente de la Nación Mauricio Macri y la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) para desarchivar esa denuncia, a los efectos de aportar un móvil al supuesto asesinato del ex fiscal, que no se sostiene en evidencia sería alguna. Y además al desechar el tribunal nuevamente de plano la denuncia del ex fiscal, confirma el suicidio de este, provocado por esa misma falsa denuncia. En la que incurrió, en base a escuchas telefónicas amañadas aportadas por el director de Contrainteligencia de la SI, Jaime Stiuso, haciendo aparecer al buchón de esta, Allan Bogado, como un agente especial de la Presidencia de la Nación.

Sobre Gramsci

Victoria Tolosa Paz en debate

La Tiranía del Mérito

La realidad por Roberto Navarro

Bercovich cuestiona a Cristina

lunes, 11 de octubre de 2021

Editorial de Aliverti del 9 de octubre { Sucesos de la semana }

Saldos y retazos

Le perdonó $70.000.000.000 al padre Le perdonó $3.200.000.000 a las mineras Le perdonó $60.000.000.000 al campo Le perdonó $19.000.000.000 a las empresas eléctricas. Le perdonó $ 4.500.000.000 a las empresas de gas. Más: * U$S 132.000.000.000 de nueva deuda al exterior. * $ 143.000.000.000 de emisión monetaria. (28% mas que 2015) * $ 308.000.000.000 en Lebacs y $ 675.000.000.000 emitidos. * 10.000.000 pares de calzados fabricados menos. * 650.000 nuevos desocupados. * 270.000 puestos de trabajo no generados para evolución laboral. * Mercado interno en caída (-23% actual y cayendo) * Fuerte recesión comercial. * 6.934 empresas cerradas. * 65% de devaluación y se presume atrasada. * Importaciones libres de vinos, zanahorias, dulces, etc. * Deterioro del salario real, más omenos, en un 40% y creciendo (la caída). * Fuertes recortes presupuestarios en Ciencia y Tecnología. * Caída de la actividad industrial 23%. * 5.000.000 de nuevos pobres. * Sub Ejecuciones de partidas presupuestarias, promedio: 45%. * 1.800.000 de nuevos indigentes. * Receso de la construcción : 24,5 % * $ 45.000.000.000.- Adjudicación de obra pública por Decreto a pariente directo (Calcaterra - soterramiento FC Sarmiento). Y los medios se interesan en una cartera Vuitton.

La manipulación secreta dela opinión pública

Ideas estéticas y literarias de Carlos Marx

Mario Goloboff Por Mario Goloboff zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
Es sabido: dos de los autores más citados por Carlos Marx en todos sus escritos son Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Menos difundido, pero igualmente conocido, es que manejaba casi todas las lenguas europeas, que releía con fruición a los clásicos griegos (una vez por año leía a Esquilo en su original griego), y que recitaba de memoria para su familia y amigos largos pasajes de La divina comedia, así como versos de Heine y de Goethe. Fuera del alemán, sus preferidos eran el poeta escocés Robert Burns, Walter Scott y Honorato de Balzac, y alguna vez se propuso que, terminadas sus obras económicas, escribiría un trabajo crítico sobre La comedia humana. Cuenta su hija menor, Eleanor: “A mí, y a mis hermanas antes, me leyó todo Homero, todo los Nibelungen Lied, Gudrun, Don Quijote, Las mil y una noches, etc. Shakespeare era la Biblia de nuestra casa, siempre en boca de alguien y en manos de todos. Cuando cumplí seis años me sabía de memoria todas las escenas de Shakespeare”. Estos eran, entre otros muy calificados, sus gustos personales, explicables por su inteligencia, su formación, su época. A ellos se sumaron opiniones, ya en un plano teórico, que los convalidaron, e inclinaron el fiel de la balanza hacia el clasicismo, la representación de la realidad en la obra de arte, el espejo correspondiente. No era difícil (ni necesario) deducir del conjunto una estética marxista, pero así se hizo. Omitiendo, olvidando, desviando algún concepto contradictorio. Tal, entre otros, el enigma que recorre su obra y que él jamás pudo resolver (ni otros marxistas): “La dificultad no es la de comprender que el arte griego y la epopeya están vinculados a ciertas formas del desarrollo social, sino que ellos nos procuran todavía un placer estético y que, desde muchos ángulos, representan para nosotros una norma, hasta un modelo inaccesible” (Grundisse, 1857: los planos o borradores de lo que iba a ser El Capital). Por gustos también personales, por pereza mental, por escasa formación de buena parte de sus seguidores, se consagró sin más el realismo y la representación veraz de lo real como doctrina oficial, refrendados por ciertas páginas de Vladimir Ilich Lenin sobre León Tolstoi y por otras de teóricos estimados, como Gueorgui Plejánov, con su exploración del “equivalente social” en arte y en literatura. Para culminar viendo en la obra, aspectos múltiples de la vida económica y social expresados en un particular lenguaje. No se exploró, más bien se desechó, para hacerlo, la relación que podía existir entre esa estética que se desarrollaba como marxista, basada en un comportamiento humano específico, y las teorías y el pensamiento, no sólo estéticos, de Carlos Marx. Sin embargo las ideas centrales de Marx que están en sus primeros textos de juventud (Manuscritos, de 1844), que recorren de modo permanente toda su obra, y que fundarían una nueva estética, son su concepción del hombre como trabajador y transformador de la realidad en medio del conjunto de la sociedad y sujeto a las relaciones que ella impone, exteriorizando, objetivando, manifestando en esa producción su propio ser, su situación de creación y, a la vez, de enajenación. Son esa concepción del hombre, de la historia y de la sociedad las que fundarían y constituirían los principios de una estética. Es ya en los Manuscritos donde para él el arte --como todo trabajo-- manifiesta la necesidad del hombre de objetivarse y, con ello, las de sus fuerzas primordiales, creadoras. Esto abre la posibilidad de ver en el arte, dentro del todo de su concepción que muchos teóricos llaman “práctico productiva”, su carácter de actividad práctica y creadora. “El arte se presenta en esta concepción --explica Adolfo Sánchez Vázquez-- como una forma de actividad práctica, de la producción de objetos, y, en este sentido, se elaciona con el trabajo en cuanto que éste --como libre juego de las fuerzas espirituales y físicas del hombre-- pone de manifiesto cierto contenido estético. Se relaciona asimismo con el trabajo en cuanto producción de un nuevo objeto en el que se proyectan o expresan fuerzas esenciales humanas, y se pone de manifiesto un principio creador. La relación con el trabajo se manifiesta, en tercer lugar, en cuanto que, gracias a él, el hombre ha perfeccionado su capacidad de dominar la materia para imprimirle la forma adecuada a una función o necesidad humana, y ha podido elevarse así --sobre la base de la división social del trabajo-- a una actividad específica --el arte-- destinada a satisfacer la necesidad estética de imprimir a una materia la forma adecuada para expresar cierto contenido espiritual. El arte ha surgido, pues, sobre la base del trabajo humano y del desarrollo del principio estético o creador que ya se daba en él”. ¿Hasta qué punto es comprensible que de estas ideas naciera una estética del realismo como la que surgió? ¿Una estética cuyo fundamento era la teoría del reflejo, que vinculaba directamente un estilo de creación con los intereses de clase; en fin, que consagraba en arte (una actividad creadora) un método de creación o un estilo entre los muchos posibles, como la única expresión artística de izquierda? ¿O, para decirlo en términos más cercanos al marxismo, por qué designar e indicar una praxis artística determinada, convertida en la única posible para expresar los “contenidos” anticapitalistas y revolucionarios? Como era natural que ocurriera en los países socialistas, y obviamente en los otros, esta concepción del arte como reflejo o representación verídica de la realidad tuvo más consecuencias en el plano teórico que en la práctica artística misma, la que siguió los caminos que la propia historia del arte iba encontrando cualesquiera fuesen las normas que la doctrina quisiera imponerle. Además, se hacía evidente que, considerados a la luz del pensamiento marxista el arte y la literatura, como actividades libres y creadoras, la estética no podía ser estrecha, uniforme, coercitiva. Afortunadamente, por encima y en contra de tales posiciones (estar en contra de estas ideas, numerosas veces costaba la vida) se alzaron creadores de talla (Maiakovsky, Picasso, Bertold Brecht y muchos otros, así como en América latina Juan Rulfo, José Lezama Lima, Juan Carlos Onetti, nuestro Julio Cortázar) y no era gente a la que podía silenciarse. La práctica artística se impuso sobre las teorías y enseñó, en su propio hacer, los principios de la libertad creadora y la esencia del arte de la creación: “...no se copia jamás la naturaleza --sostuvo Pablo Picasso--, no se la imita tampoco, se permite que unos objetos imaginados revistan apariencias reales. No se trata de partir de la pintura para llegar a la naturaleza: es de la naturaleza a la pintura que hay que ir. Hay pintores que transforman el sol en una mancha amarilla, pero hay otros que, gracias a su arte y a su inteligencia, transforman una mancha amarilla en sol”.

lunes, 4 de octubre de 2021

Editorial de Aliverti del 2 de octubre { medidas de gobierno }

Cocoliche

Comparaciones

Las veinte metiras de Macri

Impresentable

Frases célebres

Byung-Chul Han: pensar (en) el capitalismo

También en filosofía puede cumplirse el viejo refrán: “los buenos perfumes se venden en frascos pequeños”. En las apenas ochenta páginas que componen La sociedad del cansancio (Herder), y a través de una prosa que requerirá del lector la máxima atención, Byung-Chul Han (profesor de Filosofía y Teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe) erige todo un análisis del estado de la sociedad occidental. A medio camino entre la filosofía y la teoría de la psicología, Han esgrime las razones fundamentales de por qué hemos caído en un cansancio tenaz producido por la sobreexposición a diversos estímulos que nos alejan de la necesaria reflexión. Hoy en día vivimos en un mundo muy pobre en interrupciones –asegura el autor–, en entres y entretiempos. La aceleración suprime cualquier entre-tiempo. Byung-Chul Han filósofo “Solo lo muerto es totalmente transparente”. Como ya apuntara Nietzsche en Humano, demasiado humano, alertando de los peligros propios de la hiperatención (en contraposición al estudio detenido y la contemplación), “a los activos les falta habitualmente una actividad superior, en este respecto son holgazanes. Los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica”. Estar “a todo”, como comúnmente se dice, refleja una actitud carente de interés crítico, de análisis meditado de cuanto nos rodea. Consumismo, trabajo, mercado global, una oferta cultural inabarcable… Vivimos rodeados de aguijones que, de manera constante, inyectan en nosotros la incapacidad para detenernos y pensar. Este “exceso de positividad”, como Han lo llama, se manifiesta “como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa”, se hace veleidosa, caprichosa. Sólo atiende a la voz del deseo. Parece que nuestra mente queda atada a los excesos de nuestro entorno, convertida en puro autómata. El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo otro. […] La dispersión general que caracteriza la sociedad actual no permite que se desplieguen el énfasis y tampoco la energía de la rabia. La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo.
Nuestra razón, de este modo, se hace vaga; ya sólo desea aquello que la mantiene ocupada, sin importarle el contenido de la acción. Por eso quiere lo igual, lo que de ninguna manera niega la satisfacción de sus querencias. Aquel exceso de positividad (sobreabundancia de estímulos), asegura Han, “significa el colapso del yo que se funde por un sobrecalentamiento que tiene su origen en la sobreabundancia de lo idéntico“. La sociedad del cansancio¿En qué sentido, entonces, está “cansada” la sociedad? Nos hemos hartado, afirma el autor, del carácter enigmático y problemático de la otredad y la extrañeza. Nuestro objetivo prioritario es pasar el tiempo realizando actividades que no alteren el estado normal de nuestra conciencia, que no molesten, que no requieran reflexión, meditación: un alto en el camino. Somos “sujetos de rendimiento” que creemos vivir en libertad, aunque la realidad es muy otra: nos hallamos “tan encadenados como Prometeo”, figura programática de la sociedad del cansancio. Para Byung-Chul Han, debemos deshacernos de esta actitud que nos deja desarmados, sin herramientas adecuadas para afrontar críticamente nuestro día a día. Y peor aún, nos aísla en nuestro interior. El diálogo interpersonal deja paso a la más estúpida palabrería que, al fin y al cabo, se parece mucho al silencio: sólo importa hablar por hablar, hacer que el tiempo pase, desasirnos de nuestra condición finita. En contraste con este hastío generalizado del no-hacer, necesitamos sentir un auténtico y profundo cansancio, producto de una actividad plena. A través de él, se despierta una “visibilidad especial”, un “cansancio despierto” que permite el acceso a una “atención totalmente diferente, de formas lentas y duraderas que se sustraen de la rápida y breve hiperatención”. Una lectura imprescindible y muy enjundiosa (desde el punto de vista filosófico, sociológico y lingüístico) para comprender los síntomas de una sociedad a la que, a fuerza de estímulos, se le ha provocado “el infarto del alma”. Tras el rotundo éxito de su enjundiosa reflexión sobre La sociedad del cansancio, en la que Byung-Chul Han afirma que una nueva concepción del tiempo ha irrumpido fatalmente en el funcionamiento de los grupos humanos, conduciéndolos al vaciamiento de todo sentido, este filósofo de origen coreano estudia en la segunda de sus obras que publica Herder -caracterizada como es su costumbre por la brevedad y la densidad- el concepto de “transparencia”, de tanta actualidad.
Al contrario de lo que suele pensarse y proclamarse desde diferentes medios, Han observa en lo transparente un mecanismo de igualación y homogeneización de lo diferente, pues si algo no permite la sociedad de la transparencia son las “lagunas de información ni de visión”. Todo ha de estar lleno, carente de vacío: nos encontramos rodeados de información, tanta, que “hoy se atrofia la facultad superior de juzgar a causa de la creciente y pululante masa de información” a la que nos sometemos diariamente. Ya Nietzsche (referente constante de Han) expresaba en La voluntad de poder, como ideario de una nueva ilustración, la necesidad de poseer una “voluntad de la ignorancia y aprenderla”, pues debemos comprender que, sin ella, “la vida misma sería imposible” y que la propia ignorancia es una parte inherente de la vida humana merced a la cual “únicamente prospera y se conserva lo que vive”. Han hace suya la tesis nietzscheana y asegura que sólo lo que es totalmente transparente está muerto y, por tanto, carece de toda capacidad de atracción. Pues, como ya apuntara Sennett, “la autonomía significa aceptar en el otro lo que no entendemos”. La sociedad de la transparencia Byung-Chul Han demanda al lector una actitud de distanciamiento de la que carecemos en la actualidad. Con el dominio capitalista, el mundo se ha hecho, de forma irreverente, desvergonzado y desnudo, incluso “pornográfico”. Hemos de aceptar el “desgarro” que atraviesa el alma humana, que ni siquiera permite al yo estar de acuerdo consigo mismo, para hacer frente a la violencia de la que se encuentra repleto el concepto de transparencia. Una violencia que se traduce en imperativo: todo cuanto no se somete a la visibilidad se vuelve sospechoso, “sé transparente”. Y de lejos, como un murmullo, escuchamos la inolvidable cita de Peter Handke: “Vivo de aquello que los otros no saben de mí”. La transparencia se ha convertido casi en un dogma: se pide desde el estrado político, desde los medios informativos y desde diversas plataformas ciudadanas. Pero ¿es la transparencia un concepto, precisamente, transparente? Byung-Chul Han obliga al lector a replantearse lo que, en demasiadas ocasiones, damos por sentado. Y es que, como escribe en las primeras líneas de este librito indispensable para entender nuestro presente…