miércoles, 23 de agosto de 2017

La única realidad es la posverdad


Rogelio Frigerio acuñó en 1970 una expresión que Perón asumió como propia. Su nieto es clave en un gobierno que la parafrasea. Las elecciones dirán si la verdad sigue siendo la única realidad o si la posverdad es aceptable como sucedáneo: 2015 como anomalía irrepetible o principio de un nuevo ciclo. Las leves mejoras de corto plazo de la economía no modifican un rumbo de colisión del que lo único impredecible es la fecha. Es la economía, no la política lo que ahuyenta inversiones productivas. Maurizio Macrì ahora, Carlos Menem hace tres décadas ganaron la presidencia con promesas de campaña que dejaron en la puerta de la Casa Rosada. La hiperinflación, la confiscación de depósitos, las rupturas de sindicalistas y políticos, las denuncias de corrupción hacían prever una catástrofe electoral en 1991. Sin embargo, la convertibilidad entre el peso y el dólar que frenó en forma brusca la inflación trajo una sensación de alivio y permitió legitimar en las urnas el cambio de rumbo. La oposición emprendió una larga travesía del desierto, hasta que la crisis de fin de siglo permitió el surgimiento de un nuevo liderazgo en 2003. Su interrupción en 2015 mostró la incapacidad de construir una sucesión más allá de la pareja presidencial. Ahora, en cambio, la candidata es CFK con lo cual la confrontación de modelos se visualiza con nitidez. La ex presidente competirá con el macrismo, que usa y abusa de la posverdad. Cambiemos es tan hipócrita como los radicales y no menos inescrupuloso que los peronistas. Un buen ejemplo lo brindó el jefe de gabinete Marcos Peña Braun en Hamburgo ante medios argentinos e internacionales que lo interrogaron por esa candidatura. Peña Braun respondió que “a nivel nacional va a ser una expresión minoritaria”, cosa que podría decirse de cualquier candidato bonaerense, ya que nadie puede ser candidato en más de un distrito. La cuestión está en saber quién será la primera minoría en Buenos Aires y presagiar qué consecuencias nacionales tendrá luego el resultado, dada la volatilidad de la opinión política. Leve y poco sustentable LEER MÁS Elisa Carrió | Dardos a Massa A ciertas causas corresponden determinados efectos y no es imposible preverlos, aunque no con las precisiones temporales que interesan a los estrategas de campaña. Nada de lo que está ocurriendo es sorprendente, sólo que se esperaba para octubre, al aproximarse las elecciones, y no en julio. Al menemismo le bastaron el control de la inflación, el desguace del Estado y el endeudamiento externo que cubrió un déficit comercial creciente, para forzar la reforma constitucional de 1994 y obtener un nuevo mandato de cuatro años en 1995. Pero tras cuatro años de recesión y más endeudamiento, la Primera Alianza se derrumbó en medio de una vertiginosa fuga de capitales. Ahora la duplicación del stock de deuda externa en poco más de un año y el crecimiento proporcional del pago de intereses, cuyo peso ya supera el de la inversión en educación y salud sumadas, abren el camino a un colapso similar. Pero es un error pensar que ese es el horizonte inmediato. A diferencia de Menem, que asumió con un Estado en quiebra, con hiperinflación, saqueos en las calles y sin acceso al crédito externo, Macrì recibió un país con una inflación alta pero en descenso, con una escasa conflictividad social, salarios elevados, desocupación baja y una deuda en dólares con sectores privados de las más bajas del mundo (apenas el 11 por ciento del PIB, que ahora ya es el doble). La consultora Deloitte caracterizó así la encrucijada que enfrentó Menem: “Al no poder imprimir dinero por prohibirlo la ley de convertibilidad, el gobierno optó por tomar préstamos a intereses cada vez más altos, tanto en el mercado local como en el internacional. Esto no sólo incrementó significativamente la deuda pública sino que implicó que la economía privada pagara tasas de interés desproporcionadas”. Macrì está repitiendo esa historia, pero agravada, porque sólo sus prejuicios ideológicos le impiden monetizar la economía y lo llevan a complicar la ecuación esterilizando mediante letras y pases el circulante que imprime. En teoría, de este modo controlaría la inflación, cosa que en la realidad no se verifica. Su piso para este año no baja del 26 por ciento; el stock de Lebacs supera tanto la base monetaria (103 por ciento) como las reservas del Banco Central (113 por ciento), según el cálculo de CIFRA, el centro de investigaciones creado por Eduardo Basualdo y que hoy dirigen Mariano Barrera, Ana Laura Fernández, Mariana González y Pablo Manzanelli. Su informe de coyuntura Nº24, que se distribuirá a partir de mañana reconoce que existe “una leve reactivación” pero afirma que es de “escasa sustentabilidad”. Al revés de la consigna menemista que ahora copia el macrismo, estamos un poquito mejor pero vamos mal. PUBLICIDAD El informe considera probable que el ritmo de crecimiento y la inflación experimenten fluctuaciones de corto plazo. Los primeros meses de 2017 muestran “un leve crecimiento económico y la desaceleración de la inflación”. Esto se debe al sector primario, los servicios, el sector financiero y la construcción, impulsada por la obra pública. La industria “disminuyó el vértigo de la caída” y en mayo anotó el primer crecimiento interanual después de 15 meses negativos. Pero los investigadores no le asignan sustentabilidad a este cambio de tendencia. Entre las causas, mencionan El cierre de numerosas paritarias por debajo de la inflación esperada y el crecimiento de la desocupación, por encima del 9% en el total del país, y del 10% en varios de los aglomerados más grandes, indica que el consumo no será la variable decisiva para sustentar el crecimiento. Las oportunidades de inversión productiva son escasas, porque las tasas de interés se mantienen altas, como forma de impedir la corrida hacia el dólar. Los problemas en el sector externo se acentuaron en el marco del nuevo ciclo de endeudamiento, la valorización financiera y la fuga de capitales. En lo que va de 2017 el gobierno nacional emitió deuda externa por 33.948 millones de dólares, tanto como en todo el año 2016. Además se aceleraron las emisiones de corto plazo, lo cual incrementó la magnitud de los vencimientos, que en el primer semestre del año rondaron los 30.000 millones de dólares. Es decir que 9 de cada 10 dólares de nueva deuda refinanciaron vencimientos, “lo cual es una expresión de la peligrosa bola de nieve que se está generando”. En el segundo semestre aún resta financiar 16.000 millones de dólares de vencimientos, la fuga de capitales al exterior superó con creces los 6.000 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, en los cuales se registraron considerables déficit gemelos: un saldo comercial negativo de casi 2.000 millones de dólares y un déficit fiscal financiero de casi 165.000 millones de pesos. n De este modo, cayeron las reservas internacionales y se elevó el tipo de cambio, lo cual impide reducir las altas tasas de interés. Esto expresa el escaso margen de maniobra que tiene el actual planteo económico para evitar que los inversores privados dolaricen sus carteras y presionen aún más sobre el tipo de cambio. Al mismo tiempo, las fuertes tasas alimentan la especulación financiera y la consiguiente fuga de capitales al exterior. La posverdad indica que el anuncio de la candidatura de CFK provocó que la evaluadora de riesgos de Morgan Stanley dejara al gobierno de Macrì como el único de la región que ni alcanza la calificación de emergente, apenas fronterizo. Y que la misma causa tiene la disparada del dólar, la dificultad para la renovación de Lebacs y el consecuente nivel de la tasa, incompatible con la inversión productiva. Es cierto que las perspectivas de una victoria de la ex presidente, el mantenimiento de Sergio Massa como una opción competitiva y el riesgo de que la Alianza Cambiemos quede en el tercer lugar, no son estimulantes para la inversión de riesgo. Pero estos datos estructurales sobre la economía explican tanto la retracción de los capitales como el posible desempeño electoral de la Unión Ciudadana, no a la inversa, si bien ambos se realimentan. Frente a ello, el Hada Buena no tuvo reparos en mentar los argumentos con los cuales intentarán obtener olvido y perdón para la gestión económica: “Combatir la corrupción, las mafias y la inseguridad”. Otra cosa es la forma en que lo llevan a la práctica: promoción de causas judiciales contra funcionarios del anterior gobierno y su difusión obsesiva en los medios oficialistas; persecución a los jueces del trabajo tratados como si formaran una mafia de modo de intimidarlos para que no resistan la supresión de derechos y con ella la reducción del costo laboral; intervención de sindicatos por jueces federales que no tienen competencia para eso; sanción de leyes que endurecen penas para ciertos delitos y la forma de su cumplimiento, sin escuchar las recomendaciones de las víctimas (como el movimiento #NiUnaMenos) ni destinar recursos al mejoramiento del sistema penitenciario y al tratamiento de los condenados por esos delitos. Las redes antisociales han sido eficaces transmisores de la posverdad. Pero también en esto el gobierno encuentra límites contra los que no hay Duran ni Barba que valgan. El oficialismo es diestro en el manejo de esos instrumentos, pero el público dispuesto a creerle y a darle el voto tiene de la edad de Macrì hacia arriba. No vale usar zapatillas y camiseta para rejuvenecer. Esa franja etaria se maneja mal con las redes, a diferencia del sub-35, que incorpora como un fenómeno natural en su vida el telefonito y todo lo que permite. Pero ese sector no vota al PRO sino a Cristina. Hamburg, estamos en problemas. La CGT se debate en una grave crisis interna, ya que ante este contexto y guiados por su aversión irracional a Cristina, dos de sus triunviros se pronunciaron por Florencio Randazzo y el tercero por Sergio Massa. El historiador italiano Loris Zanatta, profundo conocedor de la Argentina y del peronismo, sintetizó en dos preguntas lo que está en juego: “¿Se vio alguna vez una oligarquía mayoritaria? ¿Un pueblo minoritario? Es lo que está sucediendo en Argentina y Venezuela”. En la Argentina falta poco para saber si lo ocurrido en 2015 fue una anomalía debida a una configuración irrepetible de factores o el principio de un nuevo ciclo que los nuevos comicios confirmarán y profundizarán. No hace falta decir a cuál hipótesis apunta cada uno.

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