domingo, 3 de noviembre de 2019

Aporofobia: ¿de dónde viene el odio a los pobres?


La aporofobia es un término que significa rechazo u odio al pobre. Se basa en la creencia de que aquellos sujetos que están en situación de vulnerabilidad no tienen nada que aportarle a la sociedad. Frente a la situación económica nacional de alta inflación, tarifazos y recesión cuesta mucho llegar a fin de mes: las cosas están cada vez más caras, los servicios son impagables (87 mil personas se dieron de baja del gas en la provincia) y nos enteramos todos los días de una fábrica nueva que cierra. La precariedad de la vida de los trabajadores ha aumentado y contar con un empleo no garantiza tener buenas condiciones de vida, el miedo a la pobreza se exacerba y nos ha hecho ver que todos somos vulnerables. En el último tiempo advertimos un aumento de la violencia en las redes sociales, en los comentarios que realizan los usuarios, por ejemplo, frente a la muerte de un joven que viajaba en el techo del tren y murió electrocutado o con los trapitos y limpia vidrios. ¿De dónde viene todo este odio de clase? ¿Por qué una persona descarga su frustración sobre otra que está en las mismas, o peores condiciones? La aporofobia es un término que aparece hace 24 años, utilizado por la filósofa española Adela Cortinas, que significa el rechazo u odio al pobre. Se basa en la creencia de que aquellos sujetos que están en situación de vulnerabilidad no tienen nada que aportarle a la sociedad. Se expresa en la indiferencia al sufrimiento ajeno, en insultos, agresiones y en distintos actos cotidianos de los ciudadanos. Este odio a los que menos tienen, es sistemáticamente construido por los medios de comunicación y la casta política que fomentan la discriminación a los pobres y exaltan los valores meritocráticos, individualistas y egoístas. Un ejemplo reciente es la campaña que realizó el Ministerio de Producción que publica una imagen que muestra a la clase social más alta, rubios y bien vestidos, sosteniendo a los morochos, a los “planeros” y “vagos”. Otro ejemplo son los dichos de Ernesto Sanz, sobre la AUH: “la asignación universal por hijo se está yendo por la canaleta de la droga y el juego”. O el fallecido Gerónimo “Momo” Venegas, que dijo que “hay criaturas de 10 años que se embarazan solo para cobrar la asignación universal por hijo.” El mismo Macri, en octubre de 2002, dijo al diario La Nación, sobre los cartoneros, “este es un negocio millonario y los cartoneros tienen una actitud delictiva porque se roban la basura (…) Al ciruja me lo llevo preso.” Divide y reinarás Este odio construido desde arriba es un triunfo de las clases dominantes, que logran direccionarlo desde quienes tienen un poco contra los que están todavía en peores condiciones, cómo si los pobres fueran los responsables de sus frustraciones. Los culpables no serían los políticos con sueldos millonarios, los especuladores que ganan millones con la bicicleta financiera, las empresas multinacionales que evaden impuestos, fugan capitales y hacen todo tipo de fraude para preservar sus obscenas ganancias (comoCoca-Cola o Fate con los preventivos de crisis), sino que el culpable es el cartonero, el limpiavidrios o quienes cobran la Asignación Universal por Hijo (AUH). Y en contextos de crisis como el actual esto se refleja de forma más cruda: hay más frustración y más aparato mediático dirigiendo la bronca. ¿Por qué en los peores momentos los medios hablan de la inseguridad estigmatizando al pobre como delincuente y no nos hablan de la inseguridad que es no tener para comer? Si bien es importante el surgimiento de esta palabra para visibilizar un problema, con solo exponerlo y denunciarlo no se lo puede eliminar sin romper con este sistema que se asienta en ese odio apropiándose de la ganancia que produce el trabajo de los pobres y lo legaliza haciéndolo "normal". Cada vez más personas entramos en el parámetro de pobre. Por ejemplo, el 80% de los docentes bonaerenses están bajo la línea de pobreza, pero nadie quiere asumirse como tal, porque la idea construida del pobre es el de delincuente, narcotraficante, adicto, vago, etc, y no un sujeto excluido, marginado, al que no se le garantizan los derechos. La imposición de esta idea que divide y enfrenta nos oculta e impide ver que la lucha no es contra el vecino que está un poquito peor sino contra los que digitan la miseria planificada.

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